30 de diciembre

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Recién lo vi. Un gato se llamaba Tokio. ¡Tokio! ¡Cómo poner en bigotes edificios desangelados, lluvia ácida, cristales de cuarzo gigantescos! ¡Cómo poner en panza las flores de los cerezos, el sushi tardío! ¡Tokio! Es como ponerle alas a las vainas de pimienta y convertirlas en libélulas.

 

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