Banoffee Brighton

Brighton22

Mantener este blog me hace ver las cosas muy distintas cuando viajo. Por el sudeste, era una aventura cada día, y la propia incertidumbre que conlleva viajar sin rumbo se convertía en leitmotiv de todo el viaje. Pero desde aquí, desde Brighton, se ven las cosas muy distintas. Viajar, cuando se viene a visitar amigos, se parece más a vivir una vida inventada durante un tiempo definido, la de mis amigas, creerme que su casa es la mía, ayudarles a buscar un trabajo, conocer a su gente, visitar su ciudad y mirarla con ojos de habitante.  Incluso cuando nos movemos de ciudad en ciudad, bajándonos en la parada que más nos apetezca –Little Hampton, Worthing, Seven Sister- se parece mucho más a lo que siento en Madrid cuando caigo sin querer en una calle que nunca había recorrido antes. Quiero decir: volver a Brighton, esta vez, es como continuar una vida que dejé paralizada la última vez que vine, y que probablemente, en el futuro,  retomaré desde el último segundo que viva antes de coger un tren camino a casa.

¿Es posible que una ciudad pueda convertirse en un hogar por el peso de lo que otros viven? ¿Es posible que me sienta tan cercana a esta realidad solo gracias a lo que Silvia, Sandra y Blanca me han contado durante estos dos años? Porque por las mañanas, cuando me pongo a pasear y me pierdo por la ciudad, compro el pan en el Morrison y llego a casa,  me quito el abrigo mojado por este calabobos que nunca para y me siento frente al ventanal enorme de la casa de la calle Edwards, me imagino perfectamente como sería mi vida aquí si estuviera con ellas y –algo extraño- me parece tener recuerdos, como si verdaderamente pasara aquí suficiente tiempo para considerarme una más. Por eso creo en las vidas paralelas: en Brighton, en Bruselas también, existe una sombra de mí misma que se activa cuando pongo los pies en la ciudad, como si mi yo de Madrid le pasara el testigo a mi yo de estos lugares y durante una semana, o dos, solo existiera este último.

Este está siendo un viaje inusual. Es un viaje de comienzo y de final, me temo: volver a mis “hogares”, a Bruselas sobre todo, colarme de nuevo en la burbuja del aquel Erasmus que ocurrió una vez hace casi ya dos años, y al mismo tiempo  sentir cómo voy abandonando ya  Madrid camino Barcelona, como si estos últimos días de octubre fueran el inicio de otro viaje mucho más grande, un aperitivo deliciosos de un gran banquete. Y caminar por las calles de Brighton, alucinar con la gente, con sus estilo british sin complejos, oler el café desde la calle y verme en sueños con uno de esos grandísimos tazones a rebosar entre las manos, ver el mar desde la ventana de la cocina, me hace pensar cómo va a ser la llegada a una nueva ciudad otra  vez. Me encantan los comienzos, incluso los momentos antes de que el comienzo empiece: aún está todo por vivir y en mi imaginación, es perfecto.

Lo nuevo y lo viejo. La sensación de volver a cambiar de ciudad la estoy viviendo en la piel de ellas hoy. Y a la vez esto no deja de ser un viaje: en unos días estaré en otro lugar otra vez, montada en algún autobús de la National Express cruzando al Canal de la Mancha, y entonces sabré que este tiempo es irreversible y que, de alguna manera, no me ha pertenecido a mí por completo, sino a la ciudad, al tiempo que le doy a los demás, y sobre todo a Europa. Me encanta Europa, quizá con una pasión desmesurada y que no me sé explicar, pero paradójicamente es entre todo este caos y lluvia donde me siento más tranquila.

Un saludo desde un Brighton lluvioso, con un té de rooibos en la mano. Cheers.

¡Feliz cumple Di!

M.

3 Comments

  • Reply October 24, 2012

    Blondie

    I love this Marina! It almost bought a tear to my eyes to here you describe what i once and always will class as home! The smell of coffee in the streets 😀 😀 i love this!

  • Reply May 10, 2013

    Magalí

    ¡Precioso! A mi me pasan cosas parecidas… y a veces se activan nostalgias de lugares en los cuales viví, como si realmente hubiera vivido allí muchas pero muchas vidas.

    • Reply May 10, 2013

      Marina

      ¿Verdad?
      Me pasa sobre todo con el aire, la brisa, el viento. Dependiendo de su aroma y de la intensidad, y de la temperatura, me transporta completamente a otras situaciones ya vividas y se me pone la piel de gallina de recordarlo!

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