Charles Darwin o los sueños cumplidos.

El Beagle, vapor en el que Darwin se inició como científico naturalista, partió de Davenport en 1831. El objetivo de esta expedición, dirigida por Fitzroy, era llegar a costas sudamericanas y a los territorios más meridionales de Tierra de Fuego y Patagonia para realizar estudios geológicos alrededor del mundo. Y sin saberlo, Charles Darwin, intento de médico y de sacerdote, se estaría convirtiendo en uno de los grandes viajeros de la historia. Quizá, para todos nosotros, lo más conocido de la obra de Darwin sean sus teorías sobre la selección natural. Pocas veces se le ha considerado un viajero, porque su meta última no era el viaje en sí, sino lo que cada nuevo lugar podía ofrecerle. Así, en los cinco años que permanece en el Beagle, en su periplo alrededor del mundo, Darwin arriba a América del Sur y recorre también Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Mauricio y Sudáfrica. El sur del ecuador se convierte en escenario de los estudios de este gran científico, que se había enamorado de Tenerife leyendo a Humboldt, isla de sus primeros anhelos viajeros.

El viaje de Darwin supuso en su persona una profunda transformación: tuvo que hacerse a sí mismo, convertirse en un estudioso sin una formación previa en la materia, y aprender, sobre todo, a razonar. Ya desde sus primeras hipótesis Darwin demuestra tener una inclinación natural hacia la biología y geología, y que su cerebro es capaz de relacionar e imaginar procesos de formación de especies y otras ideas filosóficas relacionadas con la vida. Con la ayuda de otros estudiosos de la época (Lyell, primordialmente) Darwin irá profundizando en las bases más tarde darían paso a teorías de lo más innovadoras. Fue en las Islas Galápagos donde Darwin dio con uno de los hechos más importantes de su carrera: en unas islas tan alejadas de las costas de Sudamérica, y aun sin variaciones de clima, Charles topó con lagartos gigantes, supuestamente extinguidos, tortugas y cangrejos descomunales y otras especies que le resultaron extrañas. Al cambiar de isla, la geología y el clima permanecían inmutables, pero la fauna sin embargo era variada y propia de cada tierra. Esto supuso el chispazo primigenio de la Teoría de la Selección natural: Charles Darwin ya sospechaba por entonces que en cada hábitat solo podían sobrevivir los más aptos. Durante el viaje, y debido a los grandes problemas de navegación a los que se vieron enfrentados en costas de Latinoamérica, Darwin se vio obligado a realizar parte del camino a pie o a caballo. Esto le dio la oportunidad de conocer las regiones más agrestes del mundo y la cultura de los pueblos con los que se cruzaba en el camino.

Cuando regresó a Inglaterra, Darwin era otra persona, como su padre expresó al verle cinco años más tarde de que el Beagle partiera rumbo al sur, diciendo que su cabeza había cambiado por completo. Hasta 1839 Charles Darwin, asentado en su país natal, se dedicó a la redacción de su diario de viajes y a la elaboración de dos textos que presentaban sus observaciones geológicas y zoológicas extraídas de sus experiencias en otras tierras.

Él mismo reconoció más tarde acerca del viaje a bordo del Beagle: “Ha sido el acontecimiento más importante de mi existencia. A este viaje le debo la primera educación de mi carácter. Un verdadero entrenamiento porque tenía que dedicar la atención a diversas ramas de la historia natural y esto me obligó a mejorar y a intensificar mis facultades de observación”.

De su viaje de cinco años alrededor del mundo aún permanece el relato de su viaje, que se recoge en un gran libro de viajes muy recomendable: A Naturalist’s Voyage Round the World in H.M.S. Beagle (pinchando en el enlace, ¡el libro online!).

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