“Chill-ax” o el arte de no hacer nada

nusa_ceningan

Hay veces que los errores son aciertos a la vez, ¿nunca habéis sentido ese doble filo de una decisión? Para mí abandonar Gili Trawangan, donde había creado mi paraíso personal con N., fue el mayor error que cometí. Pero a la vez llegué casi por casualidad a unas islas al sur de Bali, el archipiélago de Nusa Penida, donde terminé mi viaje de la mejor manera posible: disfrutando de no hacer nada. Y esto sí fue un gran acierto.

Os contaré la historia: a escasos días del final del viaje, me encontré en el aeropuerto de Kuta (Bali) esperando a coger un avión a Sulawesi. Ya sabía de antemano que iban a ser los días más estresantes de todo el viaje, porque en apenas 72 horas tenía que viajar cientos de kilómetros hasta Rantepao para conocer la cultura de Tana Toraja y sus rituales funerarios. He de decir que, de todo el viaje, llegar a Sulawesi era de las cosas que más ilusión me hacía, porque la Tana Toraja es una tribu enclavada en las montañas de una de las islas menos turísticas de Indonesia y que basa su vida en ahorrar dinero para pagarse una buena muerte. Antropológicamente estaba muy excitada con la idea de ir allí. Pero perdí mi avión. Quizá fue la tristeza de abandonar un lugar perfecto con la persona perfecta lo que me hizo salir de la terminal, o la idea de pasar lo que quedaba de viaje saltando montañas sin apenas descansar y ser consciente del final o quizá también las dificultades técnicas de coger aviones casi siempre retrasados y bastante caros a contratiempo, pero me vi en tierra observando como mi avión despegaba, mientras el ocaso se contenía en el horizonte.  Así que me quedé en Kuta, pero sentía que tenía que salir de allí cuanto antes (Kuta no es una ciudad que me apasione, llena de souvenirs y la playa es bastante mediocre). Entonces miré la Lonely Planet: Nusa Lembongan sonaba bien, así que por la mañana tomé un barquito desde el puerto de Sanur y arribé a las costas coralinas de Nusa Lembongan a medio día. Lo primero que vi fue la playa plagada de barquitos y gentes trabajando. En el archipiélago de Nusa Penida la fuente de ingresos principal es el cultivo de algas marinas, lo que confiere al ambiente un olor muy característico y también unas imágenes de lo más rural.

Juguntbatu, el pueblito hinduísta de Nusa Lembongan

Cultivos de algas en el mar. Cuando baja la marea, queda desierto. Al fondo, el Agung, en Bali.

Vistas desde la ladera.

me encantó este cementerio. ¿Están tan obsesionados con la piel blanca que incluso cubren a sus muertos con sombrillas?

Esta isla, que junto a Nusa Ceningan y Nusa Penida forman un archipiélago a 12km de Bali, apenas mide 3 x 4 kilómetros de punta a punta y es perfecta para descubrirla en motocicleta. Junto a Dani y Milan nos recorrimos todas las carreterillas de la isla, llegamos hasta los refugios anti-tsunami y quedamos impresionados con las vistas: a lo lejos, la isla de Bali, y levantándose más de 3000 metros de su tierra, el monte Agung, considerado por los balineses una réplica del Meru, una montaña mítica y sagrada para hinduistas y budistas y en la cual se sitúa la morada de los dioses y el eje central del universo. Bueno, al menos para mí lo fue, pues estuvo presente en todos mis atardeceres desde Gili y Nusa, como una sombra invariable en el horizonte tras la que se escondía el sol.

A Nusa Lembongan hay que ir a tomarse las cosas con calma. Y así fue como me tomé mi último día con Milan, cuando vino a buscarme al Tropical Lembongan, el hotel donde me quedaba, para ir a conocer lo que nos quedaba de isla y a tomar mis últimos platos indonesios antes de volver a casa. En toda su costa se pueden encontrar warungs (restaurantes locales) en los que tomar maravillosos zumos de frutas (son MARAVILLOSOS de verdad) y comida típica balinesa. Pero llega un momento en que la carretera termina (te lo indica un letrero que pone “pinished” que me hizo mucha gracia) y entonces comienza el palmeral interminable  donde se despliega toda la flora y fauna del lugar. También en la islita Ceningan, a la que se accede por un puente amarillo al más puro estilo Golden Gate de San Francisco pero en miniatura y un poco menos seguro, se pueden encontrar lugares totalmente vírgenes. Los acantilados me hicieron sufrir síndrome de Stendhal, eran bellos como nada, y desde uno de ellos se puede saltar al mar por el módico (!) precio de 50.000 rupias (unos cinco euros). ¡Si te atreves! Porque las olas se levantan y se rizan antes de romper contra las paredes rocosas con toda su fuerza. Y si no, mejor pasarse la tarde en la playa, disfrutando de la textura de su arena fina y blanca y  de esa mezcla de chill out y relax (Chill-ax) antes de ir a por el último pancake en los warungs de la playa.

This is Chill-ax!

Playas tranquilas…desiertas.

Secando arroz al sol

los niños vuelan cometas en la orilla

no hay un lugar mejor para sentarse a leer y pensar (a veces es necesario)

era un puente genial

los acantilados de Ceningan

Pero sobre todo merece la pena perderse por ahí sin rumbo, observar la cultura local, la vida tranquila de los habitantes de las islas, ver a los niños que pidiéndote bolis por los caminos y a las gallinas cacareando asustadas al pasar por su lado con las motos. Y para los que practican diving y snorkelling, esta isla es uno de los mejores enclaves de submarinismo en Indonesia, y en varios puntos se pueden observar mantas y mola-molas, un bichejo bastante enorme y con cara de prehistoria. ¡Cómo volvieron Rachel y Dani de emocionados después de ver alguno en las profundidades! Tiene que ser increíble sentirse tan rodeado de vida. Algún día me atreveré.

Y el bonustrack de la isla: el Yoga Shack, donde se imparten clases de yoga todos los días excepto los domingos. Después de las clases de la tarde solo hay que caminar unos metros para llegar a la playa y observar atardeceres tan impresionantes como estos:

en Dream Beach. Atención al cohete espacial :)

los niños te piden que les hagas fotos, pero no dejan de moverse!

Aunque es relativamente fácil encontrar alojamiento al llegar allí, nunca viene mal tener algo reservado por si las moscas. Destinia ofrece hoteles en la isla, echadles un vistazo.

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4 Comments

    • Hay una frase de Ayn Rand que me encanta: “Hay que avanzar, paso a paso, sin detenerse nunca” Y es que ¿qué más da la dirección tomada? No hay caminos erróneos si los pasos son fuertes.
      Nunca puedo comentar en tu blog! Es una pena! Y gracias por el tutorial,
      abrazooo!

  • No dejas de sorprenderme hija mia … que privilegiado me siento de tener cerca a una persona tan llena de vida como tu … y sigo viajando sin salir de casa … je,je,je … cuentame más historias

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