Darlo todo

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Si es cierto aquello de que cualquier persona que pase una gran cantidad de tiempo haciendo algo, terminará por convertirse en experta en la materia, yo debo ser experta en miedo: causas, efectos y cómo combatirlo.

Al final comprendí que la única forma de evitar que el miedo mande era abrazándolo.

Después de mi última carta recibí algunos mails. Cada uno de ellos traía un regalo: un pensamiento desde las profundidades de un cañón rojo, una etimología escondida en la palabra “perder” que me hizo sentir que había seguido el camino del corazón (“perder”, como si dijéramos: darlo todo), algunos “yo también pude perderlo pero me fui”, algunas huidas. Ahora veo con claridad que habría dado igual si me hubiera ido. La vida sigue. Y lo que importa es lo que hacemos con ella.

De fondo, en todas esas cartas (y en todas las conversaciones y en todas las discusiones, rupturas, planificaciones últimamente) siempre encuentro lo mismo: el miedo al miedo. El miedo a exponernos. El miedo a que nos dañen. El miedo a la decepción. Supongo que hemos llegado a ese momento de nuestras vidas en la que las primeras veces ya ocurren con muy poca frecuencia, lo que significa que hemos aprendido que nada es tan maravilloso como en la imaginación y que la mayoría de experiencias de la vida entrañan cierto dolor (el de la pérdida, el del destapar el misterio, el de las expectativas frustradas). Estaba bien ser un poco kamikazes. Incluso ahora lo extraño: nos lanzábamos al vacío en cualquier aventura sin pensar un instante en las consecuencias. Sin sobreprotección (a veces sin protección en absoluto). Al hacernos mayores, ya me voy dando cuenta, aquella incertidumbre que nos había seducido tan poderosamente, se convierte de a poco en una desventaja, una lucha. Para algunos, un monstruo. Así es como el miedo (a lo que no sabemos, también) entra en nuestras vidas y se instala en lo cotidiano.

Solo pasaba por aquí para decir que no hace falta andar cagados toda la vida. Ninguna decisión es tan importante (aunque lo cambiará todo, eso es evidente) como para extenuarnos. Cuando abrimos una caja de posibilidades encontramos lo bueno y lo malo a un tiempo. No hay decisiones correctas o incorrectas, sino decisiones tomadas o dejadas pasar. Así que ese miedo (que es tan importante en la selva porque agudiza el oído y el olfato y prepara nuestros músculos para echar a correr) puede mantenerse a raya: debemos mantenerlo a raya. Solo es necesario abrazarlo y dejar de luchar contra él. La vida es un poco un juego, ¿no? Juguemos, pues.

Gracias por las devoluciones que me habéis enviado. De veras. Me dan ganas de volver a escribir de seguido como antes.

M

PD. Ayer, mientras andaba por Madrid, me topé con un señor muy borracho pero muy serio que me dijo que ahora, cumplidos los cincuenta, por fin se había atrevido a ser él mismo. Que ojalá lo hubiera hecho antes, que cuánto tiempo perdido pretendiendo ser un macho y no la persona que es (obviamente dijo muchas otras cosas inundadas de brandy, pero esa fue la esencia de nuestra conversación.)

Tenemos veintisiete años todavía. Y una voz (let’s use ir girls).

PD2. Si cabía alguna duda, esto.

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