Desafío analógico. Universos cotidianos

DESAFIOANALOGICO

Hace unos días encontré mi cámara analógica (una que llegó por casualidad a mis manos hace muchos años, pero los efectos de la sincronía muchas veces aparecen camuflados en el calendario) y recordé la sensación que me producía hacer fotografías con ella. Cada toma era única. Cada exposición, además, poseía esa magia de quedar en secreto hasta que las películas se llevaban a revelar y entonces aparecían todas ellas como una historia completa. Cada carrete de fotos se convertía en la posibilidad de una narración. Con mi antigua cámara salí a pasear y a descubrir los detalles cotidianos que inundan mi día a día de momentos auténticamente presentes. Cuando había tomado diez fotografías, la cámara se cayó al suelo y el carrete salió disparado de su interior: también hay historias veladas que silenciosamente desaparecen. Todos estos sucesos me han hecho reflexionar mucho sobre nuestro papel como coleccionadores de instantes. Llevar esa cámara conmigo en el bolsillo agudizaba mi mirada con el único objetivo de encontrar lo extraordinario en los lugares por los que pasamos día tras día. Por ejemplo: esta habitación azul y los pocos objetos que la forman y cómo cada uno de ellos habla de mi historia personal y de cómo veo el mundo.

Me puse a investigar y descubrí que en Madrid quedan muy pocos estudios fotográficos. Apenas es posible conseguir película analógica para esas cámaras antiguas y herrumbrosas que todavía guardamos en nuestras casas con las radios portátiles y los teléfonos con cables unidos a una pared. El mundo cambia demasiado rápido y a algunos de nosotros de vez en cuando nos invade la nostalgia. Hacer fotografías (y no “tomarlas” ni “sacarlas” como hacemos hoy en día, es decir: crear, a través de la herramienta llamada luz, un mundo simultáneo al otro lado de un objetivo) es algo del pasado. Las cámaras de hoy compiten para ser las que mejor dibujen la realidad con sus complicados sistemas tecnológicos. Entonces las fotografías de los veranos y las de aquella vez que patinamos C y yo en el paseo marítimo: llenas de grano, sobrexpuestas, muchas veces ostentando un color que no es real, un encuadre fijo de 35mm; un cine en la Gran Vía de Barcelona con luz de mañana, fotos nocturnas que se llenan de luces que uno nunca sabe demasiado bien de dónde vienen. Esas fotografías que eran como sorpresas. Únicas: representación de lo insalvable del instante.

Mi propuesta es que regresemos a la mentalidad de la fotografía analógica por unos días. No importa que nuestras herramientas de hoy hayan cambiado. No se trata de negar lo nuevo, sino de recuperar actitudes importantes. Las imágenes se producen en serie como en las fábricas y eso es lo que me asusta. Volver a tener una mirada analógica ante el mundo para mí significa encontrar en el detalle la representación de lo que somos. Cuando era pequeña y llevaba agendas al colegio siempre terminaba el día definiendo con una sola palabra cómo había sido. Había mucha monotonía en esas palabras pero también muchas sensaciones que me descubrieron nombrándolas. Algunas de ellas las tuve que inventar cuando me di cuenta de que no existían aún en los diccionarios. Este juego que os propongo trata exactamente de hacer la misma cosa: resumamos un día en una imagen. Inventémonos que todavía podemos jugar con nuestras cámaras analógicas (sonido de película corriendo adentro de su maquinaria) por unos días.

En qué consiste el juego

— Durante 24 días (a modo de las 24 exposiciones de los carretes corrientes) tomaremos una única fotografía (este juego es de voluntad: puedes tomar las fotos que quieras en tu día a día, pero cuando sepas que lo que estás viendo se corresponde a este desafío solo toma una foto, da igual si está desencuadrada u oscura, la realidad no es perfecta y en lo pequeño se encuentra lo extraordinario).

— El objetivo del juego es dibujar nuestros universos cotidianos a través de la imagen y la palabra como herramientas de autoconocimiento (siguiendo la estela de otros desafíos creativos a los que ya hemos jugado).

— Cada una de las fotografías puede ir acompañada de un pequeño (o larguísimo) texto. No es necesario que imagen y fotografía hablen de la misma cosa. Podemos utilizar una imagen como disparador de otras ideas, o una palabra como disparadora de una imagen. La asociación es libre.

— Por supuesto, cada uno es libre de hablar de lo que quiera en su desafío. A mí se me había ocurrido hacer un “carrete” temático, pero creo que es más espontáneo dejar que cada día la imagen llegue por sí sola, sin forzarla.

— En este desafío no habrá cartas, como cuando jugamos a la deriva, pero sí tendremos un grupo para compartir nuestros universos cotidianos y crear comunidad. Aquí puedes unirte.

— El desafío empieza el día 3/2/2016 y termina el 26/2/2016. Lo ideal es que juguemos todos los días con nuestra imagen/texto, pero si te saltas alguno no pasa nada. El #hashtag esta vez será #desafíoanalógico (+el DÍA en el que estás).

¿Juegas con nosotros?

M


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6 Comments

  • Reply February 2, 2016

    Nal

    Que lindo! Todavía me quedan cartas por leer del desafío anterior, y te debo una carta también, Marina. Me encantó la propuesta, me sumo :)

    • Reply February 2, 2016

      Marina

      ¡Bienvenida! Qué bien :)

      M

  • Reply February 2, 2016

    Beatriz

    Me encanta esta propuesta y va muy en línea con mis últimos devaneos creativos así que me uno, sí, sí, sí!!!

    • Reply February 2, 2016

      Marina

      Welcome, Bea! :)

  • Reply February 2, 2016

    ori

    Fui caminando por la calle y me pare a comprar una camarita pequeña lomo.
    Con ella mirare el mundo en analógico
    Estoy T-A-N emocionada
    La vida es una cosa muy chevere :)

    • Reply February 2, 2016

      Marina

      Me contagiaste tu emoción <3 Te lo vas a pasar deluxe!

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