Día 16 – De repente la lluvia

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Sin pretenderlo había estado esperando este torrente mágico. ¡La lluvia, la lluvia! Por fin terminó la inercia, necesitaba los fuegos artificiales, los truenos, la sorpresa para despertar. El cielo se había despertado negro, tanto que parecía estar comenzando la noche otra vez, y de repente una tormenta gigantesca sobre nuestras cabezas empieza a sonar y a mandarnos agua como si nos hubieran volcado un cubo de agua encima. Me asomo por la ventana, desde la galería, y veo a todos los vecinos haciendo lo mismo que yo. Nos sonreímos. La tormenta que une.

Hoy empiezo a escribir por la mañana y nunca lo hago. Cada día suelto fluir de conciencia, pero sin estar realmente pendiente de lo que digo: son solo pensamientos inconexos que se van hilando a la que salen de mi cabeza, son pedazos de sueños, de conversaciones de ayer, a veces son listas de cosas que tengo que hacer o alguna idea que se me ocurrió antes de dormir. Pero la lluvia, ¡la lluvia! ha sido el agua fresca que necesitaba. Me pregunto por qué y lo descubro en la cara de los vecinos y de mis compañeros de piso, que se despiertan para asomarse a la ventana y ver el agua correr. Ha sido tremendo: en un segundo, la hecatombe. Todos estábamos asombrados, porque en Barcelona nunca llueve y menos aún con la fuerza de un tsunami. Hemos despertado.

Sigo escribiendo así, es mi fluir de conciencia particular. Cojo confianza sobre el ordenador: cada vez lo utilizo más que el papel, pero yo soy una romántica, y me gustan los garabatos, analizar quiénes somos por la geometría de nuestros trazos a boli, por los piquitos de las emes, los rabitos de las cus, y las violentas líneas de las tes. En su fisonomía yo veo paisajes y sensaciones: no son solo letras que forman palabras, sino que cada letra y su orden sobre el papel también tiene un significado, forman montañas, ríos, pajaros que cantan, y a veces llueve entre las lineas, como ahora. Tengo las piernas mojadas porque el agua entra por la ventana y yo me dejo mojar.

Tengo una carpeta que se llama Sueños en Favoritos. Hoy encuentro un estudio sobre cómo montarte un hostel, e inmediatamente concibo en mi cabeza cómo sería, con los pequeños detalles que me han ido gustando por todas partes, el jardín de la casa de mamá en Sukhothai, Tailandia, con sus hamacas de tela a la sombra de los árboles y también la gran estantería en madera y cristal, llena de libros en todos los idiomas, y también el cantante de Dumaguete, Filipinas, que nos tocó todas y cada una de la canciones-puerta, las que pertenecen a esa época de tu adolescencia en que cada nota y cada melodía se sienten únicas y se te clavan en la cabeza, y cuando vuelves a escucharlas años más tarde por fin comprendes lo que dicen las letras  y te das cuenta de cuánto te inventabas el inglés por entonces, sentadas en las escaleras del colegio compartiendo los cascos de un ipod entre tres y cerrando los ojos en los estribillos. Hoy las vuelvo a escuchar. La lluvia.

Hide & Seek

Sick Cycle Carousel

Through the glass

Seasons

Sad song

El fin

Sigo haciéndolo. Cerrar los ojos y dejarme ir. Siempre decíamos Didia y yo que ya no hacen canciones como estas, pero lo cierto es que las que no somos las mismas somos nosotras. ¿Cómo podemos recuperar esa sensación de que las melodías nos contengan completamente?

Antes de irme a dormir abrí todas las ventanas y dejé que la brisa nocturna inundara la habitación. Mientras leía a Isak Dinesen y pensaba que si tuviera que elegir un ídolo literario femenino, sería ella, por cómo llegó a entender la vida desde lo más grande a lo más pequeño. Una vez vi Memorias de África en la televisión pero el libro me tiene absolutamente colapsada, como las historias de Ayn Rand. Ah, este también es un ídolo femenino. Tiene la fuerza de mil caballos tirando juntos de la historia y es pura filosofía. Sigo divagando, ¿acaso hay algo mejor que hacer en los días de lluvia? Ayer, tumbada en la cama, me dije: no hagas nada, solo quédate así, a ver qué pasa, a ver qué sientes. Al minuto mi mente ya estaba buscando una manera de entretenerse con algo, de desviar la atención del proceso de autorreflexión. Me decía <<y si…me pongo una peli, leo, dibujo, salgo al balcón, ordeno el cuarto…>> pero logré no desembarazarme de mí misma y permanecer ahí, concentrada en la sensación de contemplarse a uno mismo. Es muy difícil. Tenemos la cabeza amueblada para estar continuamente en movimiento. Ella necesita girar su ruedecilla con cualquier actividad y en cuanto se la negamos, sufre abstinencia, pero es curioso ver cómo responde. Mamá siempre decía que yo era como león enjaulado y que era importante aprender a aburrirse, sobre todo en los veranos sin nada que hacer, sin nadie en Madrid, solo las cucarachas, sin más libros que leer, con un calor insoportable y las moscas revoloteando por el jardín. Sólo se oía su zumbido invariable y crascras de los insectos entre la hiedra.

Ha pasado la tormenta, el cielo se ha vuelto azul azul azul. Era necesario que explotara, ¿no? Como yo. Se había acumulado tanto agua en el cielo que había empezado a entrechocar con ella misma y se reventaron las estructuras. El cielo me ha dado la razón: a mí me ha pasado lo mismo, solo que verlo en la gran pantalla de la cúpula solar es asombroso. ¿Necesitaba sincronía? La he encontrado otra vez.

La tormenta me ha regalado dos horas de paz. Gracias, mundo :)

 

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