Día 19 – La hiperconsciencia

19-j bruxelles

Hace unos años, G y yo fuimos a una manifestación del Movimiento 15-M en Bruselas, poco después de que todas las plazas de España y del mundo se llenaran de gente soñando con ese cambio que habría de venir. Recuerdo que éramos muchos. Muchos significa que al mirar alrededor, solo veía cabezas entre las esquinas, y que estábamos todos muy cerca, coreando consignas y avanzando en la marcha codo a codo. Al salirnos del recorrido marcado, la policía acordonó la zona. Yo estaba justo enfrente de ellos, sacando fotografías y no veía más que a través del visor lo que estaba ocurriendo, como si estuviera observándolo todo a través de un agujerito a un sueño. De repente los antidisturbios empezaron a lanzar gases lacrimógenos hacia nosotros, pero yo estaba tan absorta en capturarlo todo, en obturar continuamente la cámara quedándome con los rostros de la gente y las manos de los policías atacándonos, que ni siquiera me di cuenta de que yo estaba allí también, en la primera fila, y que era cuerpo y no solo el visor de la cámara, y que ya empezaba a notar el picor de ojos y la ceguera momentánea. G vino tras de mí, me puso el pañuelo en la cara, y me arrastró hacia atrás. Después me miró y comprendí que yo no había estado presente en todo aquello, no como cuerpo al menos.  Salimos de allí corriendo y continuamos en otra dirección todos juntos de nuevo hasta el final.

Yo llamo hiperconsciencia a ese momento en que dejas de existir para convertirte en otro algo. En ese momento yo era solamente ojos y actuaba a través de una cámara, me entregaba absolutamente a ella y a su objetivo final sin verdaderamente estar dentro de la escena. Y después apenas recuerdo nada, como si me hubiera diluido con la imagen y no fuera yo quien viviera.

Tengo ganas de que llegue mi caprichito (una cámara de feliz-cumple) y volver a recorrer la ciudad en ese estado de no-existir, empujada solamente por la luz y los contrastes. Ayer había gaviotas en el cielo pero yo solo lo sabía porque veía su sombra sobre las paredes y quise fotografiar ese escenario vacío donde solo se reflejaban sus siluetas. Y después, al caminar por Barcelona, reconstruía la ciudad en sombras de ficción sobre el suelo plano, recreando una dimensión que no está viva –la de las sombras- pero que al disparar crece y se eleva más que la real. A veces la hiperconsciencia me da miedo: me parece que por un ratito me he transformado o fundido en otras cosas que no soy yo. O que no soy yo completamente.  Pero aun así es una bruma divina en la que me apetece volver a perderme muy pronto (y muy lejos).

Fue solo una revelación de última hora. Y tú, ¿cómo te fue el día? ¿Descubriste algo hoy?

 

 

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