Día 2 – Lo que serías

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tardé todo esto en empezar. Conté los segundos y me dieron más de los que tiene una hora. Entre medias leí, leí, leí, con un ligero temblor en la piel, porque llegué profundo. Sobre el papel cuento secretos, hoy salí de casa con el cuaderno de fluir de conciencia casi quemándome las manos de las ganas que tenía, pero son secretos que me gusta susurrar a oscuras, rompiendo humo de cigarros en el aire y la pantalla vacía me cohíbe un poco aún, un mucho, como si al ponerlo en palabras quedase desnuda yo. Sabía qué quería decir y cómo decirlo y de repente se esfumó y me quedé mirando al espejo, y se me ocurrieron cosas que saben a arena, de las que también se dicen en secreto, y al cerrar los ojos me veo a mí sonriendo entre olas de mar. Sí, los secretos que hoy me cuento saben a olas y a su espuma blanca.

 

En sintonía

Miro a través de la puerta y veo la calle. Desconocidos que me clavan la mirada y no la aparto, al revés, tanteo su fuerza. Hoy tengo ganas de algo efímeramente enorme y que se desvanezca lento. Me levanté con ganas del roce de las palmeras y el viento fuerte sobre la piel. Siempre escribo sobre conversaciones y sobre noches insomnes y hoy me vinieron todas a la cabeza y me cubrí con su manto negro la piel fría. Aquí también hay truenos de tormenta.

Me dejo llevar, me dejo llevar: así quiero vivirme siempre. Y entonces vuelvo a las conversaciones en tinta azul y me las invento:

<<Y, si supieras que yo voy a decir a todo que sí, ¿cómo querrías que fuéramos?>>

<<Sería libre, muy libre,  yo querría ser como un globo sin atar. ¿Y tú? ¿Cómo serías tú si yo también dijera que sí a todo?>>

<<Yo sería como una caña de bambú que se agita con el viento. Me dejo llevar>>

Me dejo llevar, me dejo llevar: por la ropa caída, el algodón caliente. La luz que entra a rayas por los quicios de las puertas que no encajan. Nos desintegramos. Tú eres cóncavo y yo convexo: tú bebes de mi fuente y yo me arropo con tu aire y entonces así es perfecto, sin mezclarnos, sin ser uno, ni ser entes ni ser nada. Solo siendo.

Me gustan las teorías. Son tiempos raros porque se hacen reales las cosas que antes solo eran pensamientos. Una vez escribí: “Hay mil palabras que nunca te diría, porque cuando se hacen sonoras te quedas con ellas y ya no me pertenecen, y a mí me gusta que todas las palabras que te definen me contengan a mí también.”  Hace años, pero recuerdo haberla visto cuando volví a Madrid, y pensé que seguía diciéndome tanto de quién soy.

Me gustan las teorías otra vez. Me gusta una que dice que lo que importa es aprender a ver al otro como un tú y no como un ello al que interpretamos a través de nuestra mirada y de lo que nos gusta y de lo que no. Que solo así conocemos y también amamos.

Yo soy la caña de bambú agitada por el viento.

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PD.2 Lee los desafíos de Maga y de Cin de hoy. Fueron preciosos (¡me atrevo a decir que los que más sentí dentro, incluso!)

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