El americano impasible y el Museo de la Guerra de Vietnam

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Un paseo por Tam Coc ¿de verdad recorrió Pyle este río?

Releo aquellas páginas de Graham Green  haciendo ya tanto que he regresado (¿o tan poco?, perdí la noción) y descubro un Vietnam conocido en ellas. Pero ¿cómo? ¿Se ha convertido la ficción en realidad? Pues no, pero en algún lugar dentro de mí este libro y las imágenes que guardo de ciertas partes de Vietnam, han quedado irrevocablemente unidas.

Por ejemplo, Tam Coc. No sé siquiera si fue escenario de la cruenta guerra que mitifica Green en The quiet man, pero mientras navegaba por ese río, hermano gemelo de Halong Bay pero con un toque jurásico, pensaba en Pyle, cuando va a ver a Fowler al norte y navega en una balsa parecida a la que me paseaba a mí entre las cuevas, intentando pasar desapercibido a los tiradores emboscados. Y  me encuentro en los caminos llenos de polvo, o un puente cubierto al estilo chino, o veo la palabra Continental escrita en alguna parte de Saigón y toda mi imaginación se remite directamente a esta historia: una historia que podría ser real, o podría no serlo, pero que acierta con gran potencia al describir lo enorme y lo mundano de la guerra. No fumo opio, pero sé lo que se siente. No, tampoco he oído tiros a mi alrededor, en la noche cerrada, mientras me ocultaba bajo el agua en el arrozal, ni conocí a Fuong ni al general Thé.

Recorte de un poster-llamada a la solidaridad con Vietnam

Pero sí que he tenido un contacto personal con la Guerra de Vietnam, en el Museo de Saigón.  No esperen encontrar un mínimo de neutralidad entre aquellas cuatro paredes, pero ¿acaso se lo deben a alguien? Si alguna vez habéis estado en el Delta del Mekong y otros pueblecitos afectados por el agente naranja, sabréis a qué me refiero. La guerra sigue siendo un hecho, y las consecuencias que de ella surgieron, un remanente actual, que se materializa en los rostros destrozados y las mutaciones genéticas, y los ciudadanos no tienen más remedio que convertirse en esclavos de la misericordia de lo ajeno para sobrevivir, deambulando por las calles con la mano extendida.

El Museo de los Vestigios de la Guerra está copado por imágenes que destrozan la moral. Todos hemos estudiado historia y con sus más y sus menos conocemos los hechos. Pero verlo es distinto. Casi enteramente, el museo está compuesto por fotografías de la guerra y por imágenes de lo que ha sido de los combatientes y ciudadanos después del uso de armas químicas. Y en una vitrina, por si no era todo suficientemente gráfico, unos fetos mutados por el gas naranja.

La verdad, una pena. La historia nos resbala habitualmente, nos la cuentan y nos la imaginamos como en una peli, no podemos sentir el sufrimiento real si no hemos vivido algo semejante. Pero de este museo se sale con los pelos de punta.

Ahora tengo las dos versiones: aquella tan bucólica de Graham Greene, la del extranjero protegido en Vietnam, la del americano, la de la derrota francesa final, y también la de las fotografías que muestran la real crudeza de la guerra contra los americanos algo más tarde. Así logro equilibrar los juicios que me formo sobre una guerra que no viví.

Sin embargo, no se trata de buscar culpables a estas alturas, aunque sí de comprender: porque esta guerra forma parte directamente de  la historia y la cultura del país, aún se alimentan de ella y recogen balas en los caminos. Es una parte más de la visión holística que se gana cuando se viaja, y una parte muy atractiva para todos, además, por el protagonismo que sigue teniendo hoy en día.

Os dejo algunas imágenes del museo, y no olvidéis leer el libro: es un clásico donde los haya.

por cierto, no os perdáis el próximo post sobre Robert Capa :)

1 Comment

  • Reply October 1, 2012

    Jose Luis

    Espeluznantes fotos hija mia … sin duda la visita a este Museo te habrá echo recapacitar sobre muchas cosas, como a mi … vive intensamente y desde muy dentro aquellos lugares, muchos, que te quedan por descubrir … y sigue siendo nuestra viaje incansable … fuente en la que nos reflejamos y vivimos todas sus maravillosas experiencias.

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