En la búsqueda del ideal perfecto

Bella Meyer ha abierto este 15 de febrero el ciclo de conferencias sobre la obra de su abuelo Marc Chagall (Bielorrusia, 1887, Francia 1985) en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, donde durante las próximas semanas, y con motivo de la exposición itinerante que acoge las mayores pinturas del autor, se congregarán grandes personalidades del arte para ofrecernos su visión sobre la obra del artista.

Chagall, exiliado bielorruso en la meca del arte del siglo XX, Francia, y conquistador de su género, desde sus primeras pinturas muestra una obsesión creciente por las flores. Tanto es así que en la mayoría de su obra los motivos naturales y florales son una constante evidente, un símbolo que va más allá de la representación sistemática de un mismo elemento como manera de otorgar continuidad. Es puro simbolismo. Bella Meyer personifica en su persona el “ideal” de Chagall, como si esa idea que él mismo plasmaba en sus pinturas se hubiera hecho real en la figura de su nieta, florista de profesión, licenciada en Historia del Arte Medieval y gran conocedora de todos los secretos que esconde toda la masa artística de su abuelo. Durante una hora Meyer nos ha trasladado al mundo de su infancia, donde la pintura ocupaba un lugar predominante, así como la naturaleza, y por supuesto la figura estática e inamovible de su abuelo Chagall. Precisamente esa necesidad de acercarnos a la figura de su grand-père como persona, no ya como artista, es lo que ha hecho especial el discurso: sentíamos a Chagall cerca, a través de las fotos familiares, de la voz de su nieta que le conocía profundamente.

Parece intrascendente esa terrible obsesión por lo floral, ¿verdad? Elementos naturales que no parecen entrañar ningún misterio. Sin embargo Chagall, y Bella Meyer, e incluso yo misma, sentimos una fascinación muda y estática por ellas. No como pura representación de la belleza, sino como referencia  a la vida. Las flores emanan de las figuras humanas como vida explotando precisamente. Según Meyer, la flor es el amor hecho imagen, y en la búsqueda de ese ideal perfecto, Chagall encontró su leitmotiv en las flores. Y era de esperar: su mujer, también llamada Bella, aparece en diversas ocasiones fotografiada con flores. Me parece que en su recuerdo, Marc Chagall encontró en los colores de la naturaleza una manera de aproximarse a su esposa, de hacerla partícipe de su arte, de quedarse siempre con ella.

Bella Meyer lo ha resumido todo en una frase: encuentra tu ideal perfecto porque es él el que le da sentido al amor.

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