Escapada a León

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¿Por qué no probar a coger un autobús y plantarme en León por un fin de semana? A solo cuatro horas de la capital, esta ciudad tan llena de historia y vida, ha sido el escenario perfecto para una despedida fugaz e inesperada. Pero ¿qué tiene de especial León?

Eso me preguntaba mientras veía pasar los campos áridos de Castilla por la ventana. Los amarillos y verdes desteñidos, repartidos en grandes extensiones de campos marchitos, parecían haber salido de un cuadro de Van Gogh, obviando las estrellas y los segadores trabajando la tierra. Pero descubrí el León más castizo nada más llegar, y era justo lo que me esperaba: esa España que tan poco conozco, de piedra húmeda y murallas contra el viento, y catedrales góticas imponentes que se ven desde cualquier lugar de la ciudad.

Si hay que hablar de León, lo primero que hay que hacer constar es la intensa vida nocturna en la que queda ahogada al atardecer. Las callecitas del barrio Húmedo y del Cid se llenan de gente con sus cortos, sus cañas y sus vinos y grandes raciones de tapas regionales (véase el picadillo y el botillo del Bierzo) dispuestos a explotar el fin de semana y el fin del verano con los amigos. Y ahora que es septiembre, con la llegada de estudiantes y leoneses de vacaciones, aún más: el ambiente festivo, las risas y las voces se hacen oír en este escenario arquitectónico que es León. En la plaza de San Isidoro, sobre las fachadas de su basílica, se proyecta la historia de León desde sus primeros tiempos, en una obra magnífica y vanguardista del artista francés Xavier de Richemont. En León, pasado y presente se entrelazan de forma irremediable, se reconstruyen el uno al otro recuperando formas y colores, pasándolos por el filtro de lo nuevo, y situándolos otra vez en el ojo del huracán.

Toda la ciudad parece un museo lleno de encanto en el que se recorre la arquitectura española y se resumen muchos de los mitos, leyendas y anécdotas de nuestra historia pasada: el Parador de San Marcos, con su fachada plateresca de 100 metros de largo, acogió a un Quevedo encarcelado cuando el edificio cumplía su misión de prisión. Y la Casa  Botines, una de las pocas obras que Gaudí realizó fuera de Cataluña, emana toda esa esencia modernista  que le caracteriza. Pero la verdadera sorpresa llega al contemplar la Catedral, una gran obra gótica de influencias francesas, y que acoge las vidrieras más importantes del mundo. ¿No os encantan los haces de luz de colores que golpean al entrar en una catedral? Convierten el espacio en un arco iris divino, y además animan la imaginación con todas las historias que representan. En este caso, la iconografía se remite no solo a escenas bíblicas, sino que también es una muestra aún viva de nuestra historia: habla de la nobleza y del clero, de la tierra y la naturaleza,  de cómo la sociedad medieval se veía a sí misma.

La Catedral siempre presente, aparece por todos los rincones

Por eso la ciudad de León es, sobre todo, un viaje al pasado. En ella perviven las tradiciones, el arte, la gastronomía más castiza, la piedra vieja sosteniendo el peso de la historia. Todavía se puede degustar los dulces más dulces de Astorga, esos hojaldritos rellenos tan singulares, y las pastas, el chocolate y la miel. Pero León continúa evolucionando y persigue la modernidad, aunque haya que ponerse a buscarla con ahínco: el MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, atesora obras de viejos y nuevos artistas, prepara talleres y abre debates sobre arte contemporáneo. Lo mejor es su fachada, construida con vidrios de colores que remiten a las variantes cromáticas de las vidrieras de la Catedral.

Y justo antes de marcharme, se presenta el otoño: la  lluvia cala las calles, limpia el polvo del verano y hace relucir la roca de nuevo. Un buen comienzo de un otoño que promete mucha España y mucha lluvia en mis viajes. Y buena compañía como ésta.

Ele, Antonio, Laura y Chechu. Pasando la lluvia en un bar

Y el bonustrack: el arte de Vela Zanetti. Su obra se expone en la Fundación que lleva su nombre, y se puede hacer el paseo por los murales que pintó por toda la ciudad. Una de sus obras:

“Segador”

 

 

2 Comments

  • Reply September 24, 2012

    L

    precioso, precioso, precioso. Con todos los preparativos no puedo expresar más que con un adjetivo triple, pero llegará. Mientras tanto los posos de la espera atornillan mi pesar.

  • Reply October 12, 2012

    Blondie

    This looks fantastic Mrs C! It truly looks like a place where you could go for a walk and get lost and around each corner you will find something beautiful! I really like these places with so much history that you see in everything that you pass.

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