Gauguin en los Mares del Sur

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La nueva exposición de Gauguin en el Thyssen constituye un viaje en sí mismo. Ya lo dice el propio título que, en un guiño a la razón fundamental que llevó a Gauguin a la Polinesia, han elegido los responsables de esta muestra itinerante que estará en el Museo hasta el 13 de enero de 2013.

La verdad es que toda la exposición puede contarse como un cuento. Los nombres que el propio Paul Gauguin dio a sus cuadros de mujeres tahitianas, de ídolos y paisajes de colores brillantes y puros, se van sucediendo como si nos quisiese contar una historia. ¿La de su vida en el paraíso, tal vez? Mata mua (Érase una vez), Adán y Eva (donde explora la realidad bíblica del comienzo del mundo desde un punto de vista nativo y nunca antes explorado), Haere Mai (¡Venid!), son solo algunos de los títulos que van introduciéndonos, paso a paso, y con evidente permiso del pintor, en su obra.  Sin excepción, el agua y el cielo se convierten en protagonistas: llegan a decir incluso más que los rostros siempre serios pero tan profundos de las mujeres ataviadas con telas teñidas y hojas de palma y flores en el pelo.

Cuando voy a una exposición, no solo la obra en sí significa para mí. Delante, al contemplar Dos mujeres tahitianas, una chica esboza los rostros que vio Gauguin, esta vez en un papel. Quedo impresionada: con solo un par de trazos consigue recrear la misma sensación de un cuadro de dos metros. La persigo por la sala, veo cómo le roba su mirada a Gauguin y la transforma en la suya propia. Arte frente a arte. Continúo por las salas y me acoplo sin llamar la atención a un grupo de señoras cuya guía les va explicando el significado de los cuadros, no solo los de Gauguin: también Nolde, Kandisky, Matisse, todos ellos tuvieron un contacto potente con lo primitivo, y se propusieron escapar del academicismo muy alejados de la realidad estética de sus contemporáneos. Cada uno de los pintores que se presentan allí, calcan a su particular manera una realidad muy parecida a la que he visto en Indonesia, en Filipinas, en Vietnam, y hace ya más tiempo en Tailandia y en Laos. Entonces me convierto en parte de ellos, y me pregunto si, de tener la suerte de saber dibujar, podría colaborar con ese mundo selvático, lleno de palmeras, pieles de arena y ojos negros que ellos han creado. Y mientras las señoras van comentando, con una gracia que escapa a la seriedad del arte en sí, si el perro era un perro, o un burro o cómo serían los perros de Tahití entonces. Yo muero de risa mientras escucho sus risas y comentarios.

Gauguin, sabedor de que su obra no iba a ser entendida del modo correcto al otro lado del mundo (había sido enviado a Tahití por orden del Ministro francés de Bellas Artes) también se dedicó a confeccionar un cuaderno de acuarelas donde explica su obra a través de bocetos y palabras. Algunas de estas acuarelas también forman parte del recorrido y son excepcionales, y el cuaderno también puede ojearse en la expo ( en formato audiovisual, una pena no poder palparlo en el papel original).

En conclusión podríamos decir que la expo de Gauguin no va sobre Gauguin, sino sobre el mundo de los Mares del Sur, a través de la obra de muchos artistas que tuvieron la suerte de andar por allí hace un siglo. Va, en realidad, sobre artistas que trataron de encontrar en lo exótico una nueva mirada, ya sea rompiendo planos, utilizando colores primarios, como los que utilizaría un niño, haciendo explotar cielos y montañas sobre el papel y aventurándose en el voluptuoso mundo nativo con solo un pincel. La particular mirada de todos ellos conforman hoy una exposición maravillosa y que merece y mucho la pena visitar en el  Museo Thyssen Bornemisza de Madrid. Pero mejor evitar el fin de semana para andar tranquilo por los Mares del Sur  y observar todo este caleidoscopio apasionante desde sus múltiples persepectivas.

Por último, Maruru. También nos lo dice Gauguin a través de uno de sus cuadros: Gracias.

Nolde

Kandinsky en Túnez

Metzinger

 

1 Comment

  • […] que le rodeaba, siempre  difíciles, son expresadas con una fuerza extraña y me parece conocer a Gauguin a través de lo que Van Gogh dice de él (que en la peli personalizó Anthonny Quinn y consiguió […]

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