Hoi An sueña

hoian (34)

Estoy sentada frente al rio Thu Bon mientras se oscurece el cielo y comienzan a iluminarse los primeros farolillos de colores en la otra orilla. No he podido evitar enamorarme de Hoi An, y por eso sigo aquí después de tantos días, disfrutando de verdad de ese Vietnam que me imaginaba de tanto ver películas y nutrirme de sueños literarios. Bebo Saigón. El calor húmedo de este país siempre calienta la cerveza en pocos segundos y el cristal se llena de rocío. Siempre guardo las etiquetas de las cervezas que voy conociendo. Son mis rituales: me hacen sentir cerca del lugar donde me encuentro.

Algunas veces, cuando llego a un lugar, siento una extraña conexión con el ambiente, como si de cierto modo hubiera un pequeño hueco por ocupar y en el que encajo yo perfectamente. Me pasa también con las personas, con aquellas que desde el minuto uno me siento segura y se construye entre nosotros una confianza extraña, muy similar a la que puedo tener con gente que conozco desde siempre.  Con Hoi An  me ocurre algo parecido: desde que sentí el amarillo de sus paredes en mis retinas, el aroma de las flores enredadas en los tejados, la calma, la quietud, las bicicletas rodando y rodando hasta una playa maravillosa, infinita y tranquila, de aguas frescas y a lo lejos algunas islas donde surgió la cultura Cham, no he dejado de plantearme cuánto de posible sería quedarme un tiempo. Caminar. Aprender. Apropiarme de su esencia. Hacer cerámica en los pueblecitos del interior, rodeada de pescadores, ralentizando la marcha.

Hoy me parece que pertenezco por fin a algún lugar. Desde que llegué aquí no había tenido esa sensación, ni había puesto en práctica mis extrañas manías para considerar una ciudad un lugar donde quedarme: salir sin nada a la calle excepto mi música, evadirme del mundo y solamente caminar por las calles, fijándome en todo, relacionarme con miradas con la gente de los mercados y con los turistas,  intentar imaginar cómo sería un día normal en un lugar así. El agua azul del río con todas sus embarcaciones de antiguos comerciantes, el mercado, el aura feliz que irradia. La repostería del Cargo Café, los cacahuetes con mucha sal que nos venden a los transeúntes a orillas del río. Sombreros cónicos por todas partes. Pequeñas terrazas de arrozales entre dos casas, como si no pareciera irreal que estén ahí. Mi bicicleta naranja tipo Verano Azul descendiendo hacia el mar. El sol. El calor sofocante que pervive, pero que por las noches da respiro y es un placer sentir la brisa fresca rozándonos la piel. Me siento feliz. Plena. Viva.

Ayer hablábamos Leon y yo (llevamos unos días compartiendo nuestros viajes solitarios) cuánto es de necesario tener sueños, para que siempre nos quede un paso más que dar, una meta más que alcanzar sin rendirnos. Pero,  ¿qué hacer cuando están todos cumplidos?

Lo que más me gusta de todo son las luces: los farolillos se iluminan al atardecer, llenos de color, como astros flotantes que se agitan con el viento. Y al pasear junto al  Thu Bon la ciudad se desdobla y se recrea difusa y dorada sobre el agua, reproduciendo cada uno de los movimientos de un mundo en otro. La gente enciende velas de los deseos en la orilla y las dejan viajar veloces río abajo hasta el mar de China. Parecen luciérnagas en la distancia, o se arremolinan bajo el puente japonés, iluminándolo. Toda la magia de Hoi An se concentra en un momento eterno.

 

 

 

 

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6 Comments

    • me ha costado encontrarlo,pero finalmente ahí está. Desde entonces estoy llena de amor por este país :) Gracias por pasartepor aquí!
      saludos desde el este
      m.

    • Hola Valeria!
      Hoi An es mi lugar preferido de todo Vietnam, fue llegar allí y sin querer me quedé cinco días. Solo una recomendación: es la única ciudad en la que cogería el alojamiento de antemano porque no hay mucho y es bastante caro. A orillas del río hay una cafetería que le llama Cargo Café que es cara pero es brutal y todo está riquísimo!
      Te gustará seguro, espero leer pronto algún post sobre Hoi An en tu blogo! Si necesitas info, ya sabes 😉

      Un abrazo
      M.

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