Middle of nowhere: Sapa y el valle del Fansipán

Por la noche solo se oye el silbar de los grillos. O incluso se oye el silencio. En las laderas del monte Fansipán, la cima más alta de Vietnam, la vida corre a un ritmo distinto. No puedo decir que me haya sorprendido de una forma sobrenatural, porque ya había sentido el hartazgo de verdes tóxicos en el Annapurna nepalí, pero sí he de decir que la belleza de Sapa y las aldeas que la circundan superan con creces muchos de las grandes cosas que había visto hasta ahora. Una vez más, como ocurre cuando te pierdes por el desierto, la inmensidad es protagonista de todo el escenario. Pero esta vez hay algo más: una extraña simetría que nace directamente de los sinuosos arrozales y se extiende durante kilómetros por el valle, como pirámides coloreadas. Puro álgebra natural.

Durante el paseo, que comienza en el pueblo de Sapa y continua de aldea en aldea entre los arrozales, pasamos cerca de los cónicos sombreros de los campesinos levitando sobre las plantas de arroz, los búfalos que juegan a hacer el equilibrio en los rieles de barro que separan las terrazas de tierra y los niños que son niños y personas adultas a la vez. Todavía me extraña tener que regatear a un niño unos dongs, o decirle que no cuando me atosiga con su bisutería, o verlos recolectar y cargar con sus hermanos bebés a la espalda. Han perdido la inocencia y están obligados a hacerse cargo de una responsabilidad mayor que ellos desde que pueden caminar.

Esta pequeña de cinco años me ayudaba a mí a bajar cuestas embarradas. Muy heavy.

El mercado de Sapa y la postura típica vietnamita

Todo el valle tiene fama de ser muy turístico y de hecho lo es. Pero al revés que en otras ciudades, la presencia del turista y/o viajero se ve muy determinada por las excursiones y trekkings, por lo que la ciudad sigue inmersa en su ritmo habitual sin parecer un lugar con superpoblado y preparado para el visitante, si obviamos el hecho de que los cafés y restaurantes se han “occidentalizado” y adoptado nombres italianos y franceses para atraer clientela. Sin embargo, Sapa y sus alrededores es un IMPERDIBLE de Vietnam, aunque solo sea por darnos cuenta del abismal contraste entre nuestra vida y la de las gentes de las aldeas. A veces imagino cómo se sentiría alguien de estas tribus en una de nuestras grandes ciudades de occidente y solo puedo pensar que llenos de pánico. Es algo a lo que no estamos acostumbrados allí: a sentarnos y mirar el horizonte, sin pensar, sin hablar, sin hacer nada en absoluto. Estoy segura de que la expresión “estar aburrido” la hemos inventado en casa. Todavía molen los cereales con molinos de agua y cocinan en un agujero en la cocina, donde prenden el fuego. Es además de un lugar increíble, un viaje en el tiempo.

En Sapa hay mucho alojamiento barato pero no lo cambio por dormir en la homestay del señor Muc , donde realmente sentí lo significa encontrarse en medio de ninguna parte. Apenas de pueden dar dos pasos fuera del halo de luz sin perder el rumbo. Se escucha el río a lo lejos, corriendo rápido y cayendo libremente por una cascada de unos 200m de altura. Esta es la única manera de orientarse: comprender la naturaleza y lo que nos dice con sus sonidos. Por la noche, Muc fuma en una pipa larga de madera. Prueba mi tabaco y me mira decepcionado. Los que probaron el suyo aseguran que la cabeza les daba vueltas después de fumar.

Esta era nuestra homestay:

Sapa es el punto de partida hacia las diversas aldeas de las tribus dzao, h’mong y giay. Cada tribu es claramente reconocible por su vestimenta tradicional: las dzao se cubren la cabeza rasurada con un tocado rojo y abombado, las h’mong visten de oscuro y con brocados preciosos que tejen ellas mismas y las giay llevan una especie de pañuelo de colores chillones sobre la cabeza. Con nosotros vinieron mujeres giay durante todo el camino. Thé, nuestro guía, ya nos había avisado que nos seguirían. Y así fue, de repente una horda de mujeres con sus cestos llenos de telas y bisutería se nos abalanzaron, nos eligieron y persiguieron durante todo el camino.Y la verdad es que fueron de gran ayuda, sobre todo cuando se lleva calzado inadecuado (como yo) o se es bastante dinosaurio (como yo). Dos señoras se hicieron cargo de mí como si fuera su hija, se llamaban Bla y Cu (me permito imaginar que se escribe así) y son estas dos giay:

Hay que elegir bien los días de trekking por el tema del barro: en cuanto empieza a llover el camino se convierte en un gran charco de barro y a menos que se lleve botas con pinchos en la suela, el terreno se vuelve muy resbaladizo (nada mejor para echarse unas risas, también se cierto). Aparte los colores se vuelven lánguidos con la lluvia y no se aprecia todo el despliegue cromático del paisaje. Confieso que estoy teniendo una suerte tremenda con el clima, aunque ahora mismo esté viendo caer mi primer monzón ahí fuera.

La ciudad de Sapa es bastante pequeña y se puede recorrer fácilmente en un rato. Cuidado con el mercado, cosa que prometas, cosa que te harán comprar, se acordarán de tu cara para siempre y acabarás llevándote muchas cosas que no quieres. Suele estar desplegado en la plaza central, al  lado de una iglesia católica curiosa.También las mujeres que acompañan durante el camino despliegan todas sus artesanías cuando se llega al almuerzo, pero al menos ellas se lo merecen después de la caminata. Yo me hice con unos pantalones típicos de la etnia h’mong, estoy empezando a ser una viajera de método.

Me parece que la excursión que hicimos nosotros, del hostal Hanoi Backpacker’s , está bien de precio y cumple con lo prometido. La opción de hacerlo por libre también es buena pero teniendo en cuenta que hay que tener un guía para recorrer los arrozales y merece la pena la estancia en homestay, al final te sale incluso más caro. El precio total han sido 2.415.000 VND (casi 100 euros) incluyendo: tren i/v en cama blanda, todas las desayunos, comidas y cenas durante el tiempo del tour, estancia en la aldea, guía, transporte desde Lao Cai hasta Sapa y desde las aldeas hasta Sapa, duchas en un hotel antes y después del viaje. Si se quiere hacer por libre, sin embargo, se debe tomar el tren nocturno en la estación a Lao Cai (8h) y desde allí encontrar algún tipo de transporte que te acerque a Sapa (hay unos 30 km y se tarda alrededor de 1h).

Os dejo algunas fotos del camino. Enjoy :)

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