Semana 1. Desafío analógico

collage1-desafío

 

DÍA 1.

Dijo Jung, cuando intentaba explicar el fenómeno de la sincronía, que para poder comprender la relación entre dos fenómenos acausales y, sin embargo, afines, lo que hay que estudiar no es la materia, sino su significado. En estos órdenes desconocidos es más probable que dos hechos sin aparente relación física (pero evidente relación, al fin y al cabo, como que nos pensemos a la vez y sintamos un escalofrío, un soplo de aire telepático) logren encontrar su vínculo secreto que se produzca la ebullición del agua a 100º. De este mismo modo actúan los oráculos: el I-Ching (mi favorito por el momento) no adivina el futuro, sino que establece una relación de significado con el presente y lo desvela en forma de poesía oriental. Entre mi acto de lanzar las varillas de cardón sobre la mesa y todo el universo de posibilidades que, como una inmensa red, se extiende alrededor de este momento, hay una única relación. No puedo explicar por qué. Todo lo que ocurre en un momento dado (aquí sí interviene la lógica) es imagen de ese instante. No se pueden hacer cálculos matemáticos alrededor del hecho de que el I-Ching responda a mis preguntas con una sorprendente franqueza y puntería. Ni siquiera es necesario: la poesía me ha salvado más de una vez, y supongo aquella que cumple más de tres mil años posee una infinita sabiduría.
Tiendo a consultar este libro rojo y negro a menudo. Me llamó desde un puestito de libros en Cali (me llamó de verdad, hay una historia con introducción, nudo y desenlace al efecto). Lo consulto no tanto para responder preguntas como para experimentar con las coordenadas desdibujadas de las palabras azar, sincronía y destino. En esta imagen que nace hoy de un hexagrama mutante Chieh y Lin se unen para expresar la incontenibilidad del agua y el acercamiento de la primavera.
Todo lo que ocurre está necesariamente relacionado con cada hecho que lo rodea, aunque no comprendamos cuál es el vínculo invisible que los une. Por eso decimos azar cuando queremos decir ceguera (como decimos buenas noches cuando queremos decir te quiero).

i-ching

DÍA 2.

Ayer, justo mientras tomaba esta foto a través de la ventanilla del coche, dos ciervos decidieron cruzar la carretera, ágiles y veloces, justo frente a nosotros. En dos segundos habían desaparecido entre los árboles. Me imagino cómo debe ser la vida en los bosques, cómo los universos animales y vegetales se desarrollan y relacionan silenciosamente mientras nosotros pasamos a su lado observando con sorpresa que más allá de los seres humanos hay sociedades complejas que se comunican en una lengua que nosotros no entendemos: la del instinto, la de las corrientes de aire o la de la dirección en la que crece el musgo. Cuando pienso en todos estos mundos y seres desconocidos a los que no tengo acceso porque soy una persona se me derrite un poco esa capa de antropocentrismo inútil que me inculcaron desde la infancia. Entonces es cuando me entran más ganas que nunca de convertirme en melodía para reverberar en el agua del que todos nosotros nos nutrimos y fundirme con cada uno de esos seres.

guadarrama

DÍA 3.

Últimamente me pregunto si la gente, en la calle, puede notar toda la tristeza que cargo conmigo.
¿Será?

callebarco

DÍA 4.

Madrid es un gran escenario de teatro y sobre él ponemos en práctica este lindo oficio de estar vivos.Todo lo que vivimos es la obra final, que se representa sin ensayos ni guiones, si acaso después jugamos con lo que ocurrió en nuestras memorias, cambiando detalles, borrando espacios en blanco o encontrando la respuesta perfecta siempre a última hora cuando todos ya se han ido y se ha terminado esta fiesta.
Desde aquí, los dos lados del espejo. Dice G: las máscaras. Pero no es eso. No finjo estar bien. A este lado vestirse de negro y terciopelo y que se me oscurezcan los ojos con el humo y la noche. El mundo de afuera pierde color, se desdibuja con esta lluvia que cae y no es el efecto de los neones ni de las luces breves. Para salvarlo lo inventamos con trazos nuevos en la imaginación y de a poco nuestros universos interiores cobran vida y aquello a lo que decimos “lo real” se convierte solo en un paisaje más que ocurre a toda velocidad al otro lado del cristal de mi propio cuerpo. A veces vivo más en este mundo interior que he construido con normas propias y es entonces cuando se produce una falla, como cuando las placas tectónicas se superponen unas sobre otras y llega el temblor. Lo de afuera pierde sus contornos. La ciudad de sábado late.
Son las 7 am y mientras afuera amanece en esta habitación comienza la noche.

sotano

DÍA 5.

Me pregunto si será que nuestros cuerpos, decisiones, sueños, ideas y relaciones también fueron en algún momento víctima de la obsolescencia programada y es por eso que de un día para otro se nos rompen.

celu

DÍA 6.

Me da más miedo afianzarme en un lugar, el compromiso y el largo plazo que quemar una y otra vez mis naves en un ejercicio de piromanía obsesiva hasta quedarme sin ningún amarre a tierra. Aunque, si lo pienso bien, nunca se empieza desde cero. Ayer soñaba con regentar una librería y hoy con cuidar animales en un refugio. He sido vendedora de flores ambulante, repostera y susurradora. Fui amante y me dejaron propina y no necesariamente fue en la misma noche. El cambio le es implícito a este cuerpo y es porque soy el movimiento hecho mujer. En las noches de insomnio siento que puedo destruir todo lo que he construido y empezar de nuevo en un folio en blanco este proyecto de vida. Me excita tanto esa idea que las madrugadas terminan en puro boicot: los mundos del sueño me invaden mientras yo lucho por pasar, aunque sea solo un minuto más, en la fantasía del completo vacío.

cambiar


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1 Comment

  • Reply February 17, 2016

    Sofía Maidana

    Ay! Además de que me encantó el desafío y me llevo una frase para Facebook, el día 6 entero parece que hablara de mí (o de una de mis tantas yo, o de una yo que de a poco va siendo, aunque todavía no del todo).
    Amo que la magia del Universo me traiga como de casualidad a estos rinconcitos de Internet que una conoce pero a veces olvida, hasta que es el momento justo de reencontrarlo.
    Abrazo desde Argentina, muchacha.

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