SER artista

yogya_luz

Me despierta una voz en árabe llamando al rezo. Desde todos los rincones de Yogyakarta se escucha el cantar melódico y sinuoso del Corán. Son las 5 de la mañana y estoy desubicada. ¿Dónde estoy? Por un momento regreso a los días de África, pero la brisa fresca entra por la ventana y al abrigarme me doy cuenta de que por fin estoy en Indonesia y que comienza la última etapa de este viaje que parecía que nunca iba a llegar.

Tengo muchos planes. Salgo apenas ha amanecido a la calle y descubro por fin algo que había buscado mucho en Vietnam y Filipinas y que no había logrado encontrar: hay arte en la calle, hay color, hay música, hay cultura en definitiva. La gente lleva en la sangre el arte, porque a él se dedican: la mayoría de ellos son artistas de batik e invierten toda su creatividad en crear historias y motivos sobre telas en blanco. Lo primero que me ofrecen es entrar en una exhibición de batik. Intuyo las intenciones de venderme todas las telas posibles, pero igualmente sigo interesada. Poco a poco voy entendiendo cómo realizar este tipo de pintura, me explican su historia, los métodos, el proceso, y salgo de allí con ganas de ponerme a pintarrajear como una loca. Así que al día siguiente, a las 9 en punto de la mañana, estoy en el taller de Susi, a las afueras de Pawitayan, dispuesta a mancharme las manos con todos los colores posibles.

El batik es una técnica para teñir telas que consiste en aplicar cera sobre las zonas que no queramos colorear para mantener el color original. El proceso es arduo: después de dibujar sobre tela de seda o algodón el motivo, se procede a aplicar cera caliente con un instrumento llamado “tjanting” sobre las líneas. Susi me miraba mientras lo hacía. Por naturaleza soy una persona con prisa (imaginaos el metro de Madrid en hora punta, la gente ansiosa por llegar, el café en vena de buena mañana) y al realizar el trazado invertía toda mi energía en hacerlo rápido a la vez que bien. Por desgracia, hay veces que no es posible, así que a lo largo de la mañana tuve que contenerme y empezar a colorear con calma, tomándome mi tiempo para que los colores y la cera quedaran perfectos sobre la tela. Quizá fue lo más difícil de todo: decelerar el ritmo y dejar que mis músculos se relajaran y dejaran de moverse al compás del segundero. Al final del día sentí toda esa relajación: en Madrid la habría llamado aburrimiento, pero en aquel taller de batik aprendí a convivir con la calma y a dejar que caigan las horas despacio mientras esperaba que el proceso del batik siguiera su curso.

A mitad de la mañana apareció Robi y nos hicimos amigos. Había estado trabajando largo tiempo en barcos que arribaban a Miami y otras costas de Sudamérica y a veces me decía palabras en español. ¡No es tan diferente del Bahasa Indonesia! Durante aquel día Robi se convirtió en mi guía y colega, me llevó a descubrir cientos de especies de pájaros al mercado de Pasar Ngasem, a montar en una bicicleta de época por las pequeñas aldeas de alrededor y a ver el atardecer sobre un lago a las afueras de Yogya. Disfruté el día como si formara parte de aquel lugar. Me olvidé de la cámara, de apuntar todas las cosas que me llamaban la atención. Bajé la “guardia viajera” y me dejé llevar por las circunstancias como si a ese lugar perteneciera. Por la noche, cenamos en un warung típico en la calle y recorrimos en su moto Yogyakarta con el aire frío azotándonos la piel aún caliente del sol.

Robi el experto

el resultado final

Yogayarta me hace pensar en algo que hemos olvidado (o casi) en España: que cada uno de nosotros tenemos un artista dentro y que tenemos que explotarlo y sacar de nosotros lo mejor que podamos para contribuir a la cultura universal. En palabras de Nietzsche, sin ser literal, cada uno tenemos un don único y saber aprovecharlo es una obligación. Ese don no tiene nombre hasta que nosotros se lo damos, porque no lo compartimos con el resto del mundo: nadie lo ha tenido antes que nosotros, nadie lo tendrá más allá de él. ¡Miremos de vez en cuando para dentro y no solo lo que hay alrededor y descubramos aquello que nos hace únicos! Solo así lograremos SER artistas.

Robi me llevó ver el templo budista en Borobudur. Lleno de gente, pero increíble :)

M.

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